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El placer infinito de pintar

El artista antioqueño es un referente universal: “La idea es pertenecer a un sitio y expresarlo con mucha honestidad, así se tocan el corazón y la sensibilidad de la gente en todas partes”, dice Fernando Botero, quien aspira a ser recordado como “el autor de las esculturas de la Plaza Botero”. Con una obra extensa que lo ha llevado a exponer en 80 museos del mundo, a los 86 años sigue pintando de 4 a 6 horas diarias, aunque ha bajado el ritmo a sus viajes. En entrevista exclusiva en Mónaco, con Martha Ortiz, directora de EL COLOMBIANO y Jorge Mario Velásquez, presidente de Grupo Argos, Botero se declara un “trabajador incansable”.

 

MO: ¿Qué es y qué no es el arte?

FB: “El arte es todo lo que no es funcional. Es decir, cuando a una ventana o a una puerta les hacen adornos, los que sean, esto es arte, aunque no todo tiene que serlo. Es la definición más corta que puedo dar. Me puedo quedar hablando sobre lo que creo que es el arte y las ideas que me producen un estilo y que son el resultado de mi reflexión sobre la excelencia. Ahora que me lo dicen, eso de pensar cómo hacerme mejor todo el tiempo, me ha traído ideas e inquietudes, esto también puede ser arte, esa reflexión permanente sobre la calidad (...) Desde luego, hay arte menor y gran arte, y uno trata de afiliarse a este último. La idea es lograr una calidad que pueda, muy lejanamente, compararse con la de los grandes maestros”.

JMV: En ese proceso, ¿aún hace bocetos?

FB: “Dibujo todos los días y lleno cuadernos de todo lo que pasa por mi imaginación. Si un boceto es el punto de partida hacia una obra mayor, entonces lo trabajo. Todas esas cosas que hay aquí (en mi estudio), nacieron de un pequeño boceto que me tomó cinco minutos hacerlo (...) Lo paso y, en el acto de pintar, invento el 80 %. Es el caso de un hombre: no sé aún si quiero hacer esta figura en el interior o en el exterior; no tengo idea del color y pongo uno que en ese momento me atraiga y ese me sugiere un segundo color, y luego un tercero. Me dejo ir como si fuera un ‘médium´ y la pintura se fuera en cadena. Así va surgiendo el cuadro lentamente, pero nunca está totalmente en la imaginación al empezar”.

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MO: ¿Cómo define su propio estilo?

FB: “El estilo es la identidad de un artista. Es una manifestación de principios, un manifiesto. Cuando uno pinta un cuadro hace una declaración. El estilo es lo único que no se puede enseñar y nace de las necesidades espirituales que se tengan. Es un proceso largo, se va depurando después de muchas pequeñas dudas e influencias y se va aclarando, pero toma tiempo. Empecé en 1946 a pintar acuarelas en Medellín y el primer cuadro que consideré que era un ‘Botero’ lo pinté en 1966, más o menos (...) Me tomó 20 años porque tenía muchas dudas, timidez, adhesiones e influencias, hasta que dije: ´este cuadro es ciento por ciento mío´”.

JMV: ¿Cómo explicarle a una persona ajena al arte ese estilo marcado por el volumen?

FB: “En el arte cuando uno empieza es como si lo invitaran a un banquete donde se tienen todas las posibilidades. Uno puede sentir la necesidad del color en la pintura. O puede decir que el color es más importante que la forma o el volumen. Uno busca qué es lo más importante. También es una cuestión de afinidad.

Por ejemplo, empecé en Medellín con acuarelas que eran volumétricas. No entiendo por qué, pero siempre he tenido esa tendencia, desde que tenía 15 o 16 años. Después fui a Europa y vi —sobre todo en Florencia— el arte italiano que inventó el volumen en la pintura. Ahora parece normal, pero el hecho de que en una superficie plana se produzca una visión de algo que no existe, que uno casi puede tocar, no era lógico. Lo hicieron los griegos, luego, durante la Edad Media, la pintura se quedó plana; después, a partir de Giotto, empezó el volumen en la pintura y durante cinco siglos hasta Courbet, fue muy importante.

El volumen comunica sensualidad a la forma y uno se siente exaltado por él; por la sensualidad que hay en la ejecución, esa exaltación de la existencia de las cosas, porque, por ejemplo, si yo pinto una manzana o una fruta y la hago más volumétrica es ‘más manzana’.

Mirando la gran pintura italiana, empecé a formarme una gran idea del estilo. Leí a Bernard Berenson, el famoso crítico inglés que crea una escala basada en la capacidad que tiene cada artista de producir los ‘valores táctiles’, esa sensación de que se puede tocar. Para él los más importantes eran Miguel Ángel y después MasaccioPiero della Francesca y Giotto.

Los grandes maestros también eran ilustradores y contaban una historia (aunque entre los pintores ahora se ve mal que una pintura cuente una historia), por ejemplo, la de Cristo, de la pasión, la vida de los santos ... La pintura por la pintura vino mucho más tarde. No se puede criticar a los grandes maestros que cuentan historias, porque el gran arte las tuvo y, además, son obras maestras que admiramos.

Hay muchos elementos: el color, el volumen, la sensualidad, la técnica, la ilustración. Un pintor se vuelca más profundamente sobre uno de ellos, y eso marca su vida, su historia, su estilo y su trabajo. Si le gusta la línea, mire el arte gótico; si le gusta el volumen, mire a Masaccio y a Miguel Ángel; si le gusta el color, vea a Matisse”.

Nombre del sitio: 
www.elcolombiano.com

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