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Construir con tierra en 2017 para salvar el planeta: lo último en arquitectura / El Español

Artículo/Blog

Conmovidos por el mundo sucio y caótico que hemos creado los seres humanos en las últimas décadas, los consumidores más concienciados han comenzado a poner su granito de arena para detener el deterioro ambiental. Unos deciden cambiar su vehículo diésel por un híbrido o un eléctrico; otros renuncian a verdaderas gangas de viajes en avión para no participar en la terrible huella de queroseno que mancha los cielos; también los hay quienes se hacen socios de movimientos ecologistas para proteger bosques y evitar así la deforestación...

Todo esto está muy bien. Pero, ¿cuántos consumidores reparan en algo que, en cierto modo, está al alcance de sus manos, como es la elección de materiales para la construcción de sus casas? Casi nadie es consciente de que el ladrillo y el cemento son agentes muy contaminantes. Menos aún saben que hay una alternativa que no cuesta apenas nada y abunda por doquier: hablamos de la tierra.

El sector de la construcción representa un 40% del consumo energético mundial, según un informe de hace unos pocos años sobre eficiencia energética en la edificación, publicado por el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por las siglas en inglés).

En la XV Conferencia sobre el Cambio Climático celebrada en Copenhague se estimó que este sector es responsable de, al menos, un tercio de las emisiones globales de CO2. El dióxido de carbono nunca ha sido tan alto, tal y como revelan los informes anuales de la Organización Meteorológica Mundial.

Antes de la Revolución Industrial, el nivel atmosférico de CO2 era de unas 270 ppm (partes por millón). Algo más de 200 años después, los niveles atmosféricos superan la cifra de 400 ppm. "The world will not evolve past its current state of crisis by using the same thinking that created the situation", dijo Albert Einstein. Que traducido significaría: "El mundo no evolucionará, no superará su situación actual de crisis, usando la misma forma de pensar que creó la situación".

Claramente, el mundo necesita un cambio. Si no, nuestra civilización acabará pereciendo por más que unos pocos poderosos quieran ignorarlo por intereses personales.

La construcción con tierra puede ser una de las soluciones, como se expondrá en SOStierra2017, el Congreso Internacional sobre Arquitectura Vernácula de Tierra, su Conservación y Sostenibilidad que desde este jueves se celebra en en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia.

La tierra constituye un material natural, ecológico, económico y sus sistemas constructivos son sencillos. Se podría decir que tiene presencia mundial y que la encontramos en el origen de nuestra ambición por habitar y buscar cobijo. Numerosos ejemplos avalan su resistencia al paso del tiempo, como pueden ser la Alhambra de Granada, los Kasbahs del norte de África o incluso ciudades subterráneas como Derinkuyu, en Turquía, construida hace más de 3.500 años a modo de hormiguero.

El mundo necesita retornar a un punto no tan lejano. Durante la primera mitad del siglo XX, Europa sufrió las guerras más multitudinarias, letales y destructivas de su historia. Urgidos por el bajo coste y la rápida construcción, esto condujo a una construcción con el hormigón como material central. Así podían reconstruirse miles de ciudades destruidas por las bombas. El hormigón también fue proverbial para la expansión de ciudades repobladas con migrantes del campo. La arquitectura vernácula y el uso de materiales tradicionales quedaron arrumbados así como miles de pueblos abandonados.

Un estudio realizado en 2016 por el doctor arquitecto Ignacio Oteiza y otros investigadores del Instituto Eduardo Torroja de Ciencias de la Construcción (IETcc-CSIC) demuestra que un 68% de las viviendas de Madrid habían sido construidas entre los años 1940 y 1980. Todos estos edificios se levantaron con ladrillo, hormigón y acero, tres materiales que, para ser creados y transportados, provocan enormes cantidades de emisión de CO2. En contraposición, la materia prima en la construcción con tierra se extrae del mismo lugar y no necesita ser cocida. Además, puede ser reutilizada, característica indispensable para contribuir a una economía circular.

La ONU estima que un 30% de todo el mundo todavía vive en casas construidas con tierra. Si usted está relacionando estas viviendas con la pobreza, se equivoca. Pongamos un ejemplo visitable: a unos 150 km de Madrid, en Campo de Criptana (Ciudad Real), el pueblo de los molinos del Quijote, gran parte del casco histórico conserva edificios, perfectamente habitados, con muros de tapia, en los que la tierra es el elemento básico.

Pero, siendo realistas, ¿a cuántas personas que han encargado y construido sus propias casas les han ofrecido la posibilidad de edificar con tierra? Pocos arquitectos contemplan este material como elección, en gran parte debido a la ausencia de regulación dentro del Código Técnico de la Edificación.

Tener una casa construida con tierra es complicado, pero no imposible Y sí, hay arquitectos que las hacen. Martin Rauch (Austria, 1958) es uno de los expertos más prolíficos dentro de la construcción contemporánea con tierra. Ceramista por vocación, en los últimos años ha participado en la construcción de varios edificios mezclando técnicas milenarias con un estilo moderno. La Capilla de la Reconciliación (2000), monumento dedicado a las víctimas del Muro de Berlín, o su propia casa, Haus Rauch (2008), en Schlins (Austria), son algunos ejemplos de cómo recuperar la técnica con ideas modernas.

En España podemos destacar el papel de la arquitecta Petra Jebens-Zirkel (Alemania, 1952), establecida en Huesca y responsable principal del Instituto de Baubiologie. Este centro, cuya sede principal se encuentra en Alemania, es uno de los pocos dedicados en exclusiva a la enseñanza de la bioconstrucción con tierra, piedra, cal, madera y paja como materiales únicos. Otra empresa española centrada en estos materiales es Okambuva.coop, que además de ejecutar proyectos de bioconstrucción, también realiza cursos y un master.

La tierra posee unas excelentes propiedades acústicas y mecánicas y el gran potencial higrotérmico que presenta -esto es, la gran capacidad para amortiguar diferencias de humedad y temperatura respecto a la climatología exterior-, hacen que se convierta en un componente arquitectónico para tener en cuenta en esta nueva era obligada de la limpieza medioambiental.

SOSTierra es uno de los últimos proyectos de investigación financiados por el Ministerio de Economía y Competitividad sobre construcción con tierra. El proyecto, tal y como es definido en su blog, "pretende investigar las posibilidades de una restauración y rehabilitación compatible, respetuosa y sostenible de la arquitectura tradicional no monumental construida en tierra presente en el territorio peninsular, evitando soluciones ajenas y estandarizadas y privilegiando las opciones que respeten la diversidad técnica y cultural y sus lecciones de sostenibilidad para el futuro".

Los investigadores principales son Camilla Mileto y Fernando Vegas, ambos doctores arquitectos y profesores titulares de la Universidad de Valencia. Han creado y colaborado en proyectos anteriores como ResTapia o VerSus, ahora incluidos en SOSTierra, y anualmente organizan seminarios científicos desde el año 2010.

Una gran cantidad de especialistas de diversas áreas científicas exponen estos días en Valencia sus últimas investigaciones acerca de la rehabilitación y el análisis de los sistemas de construcción con tierra, sin olvidar la actual situación de estas edificaciones y sus posibles mejoras de cara a un futuro sostenible en el que retornemos, como colectivo, a la idea de usar este material.

Congresos como éste no sólo son importantes para los técnicos que estudian los materiales naturales sino que también son recomendables para la población general, con el ánimo de ampliar sus posibilidades en el ámbito de la construcción, y no limitarse a lo que ven en el día a día, o a lo que le ofrecen los técnicos de turno.

Aprender a habitar es algo muy complejo cuando se han perdido las raíces y uno solo tiene en mente el paisaje urbano. Aquí en España nos ha pasado: hemos prescindido de nuestros orígenes edificatorios de adobe y tapias, limpios y reutilizables en pro de materiales más contaminantes y desechables. Y lo dice el jefe espiritual iroqués Orel Lyons: "Lo que vuestra gente denomina sus recursos naturales, nosotros lo llamamos nuestros familiares".

Editorial: 
El Español
Autores: 
Miguel Ángel Mellado Mascaraque
Foto/Imágen: 

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